Nunca nos despedimos. Es como mi pequeño conjuro contra no volver a verle. Ese dÃa, simplemente me sentó en sus rodillas y me abrazó. Me apretó tan fuerte como yo necesitaba, con ese abrazo que él sólo sabe dar para hacerme sentir que estoy viva, mientras sentÃa su aliento y la barba de dos dÃas contra mi cuello. Estuve mil años con los ojos cerrados hasta que se levantó, cogió su mochila y salió.
CuÃdate. Vuelve pronto.
Eran las 13.31.
Este es el blog de la loquita risueña, la que gobierna mis deseos, la dueña de mis esperanzas. Dos años escuchando su voz, imaginándome un sur que nunca habÃa visto, escarbando dÃa a dÃa para encontrar su camino. Ya lo decÃa Mozz: Oh darling, it's all for you ...

25/08/2005 at 22:59 Permalink
“Abrazadme, amigos míos. Abrazadme hasta dormirnos”.
Qué buenos los abrazos de horas, de siglos. Qué buenos.
05/09/2005 at 20:47 Permalink
No ordenes… Haz limpieza …Hay que hacer sitio para nuevas cosas… los recuerdos, que es lo que importa no ocupan lugar. Y el mejor equipaje para la vida es el mas ligero