La pequeña Memole ya no es pequeña. Creció y los años se le vinieron encima. Ahora pasea sus huesos por esta ciudad, embutida en su eterno abrigo, con un sombrero calado hasta los ojos, con una bufanda que le tapa la barbilla. La pequeña Memole cambió sus labios de fresa por una mueca ingrata dibujada entre las arrugas de su boca, pero sus ojos centenarios siguen chispeando detrás de las antiparras que le obliga a usar una mirada que ya lo ha visto casi todo. La pequeña Memole toma el autobús en mi misma parada. Saluda a quien quiere oÃrla mientras espera el uno, charla todo lo jovial que le permiten sus años con conocidos de cinco minutos impenitentes de la misma hora. La pequeña Memole arrastra sus botas hacia el interior del autobús, suplica su asiento en el que se desmorona. Sólo son tres paradas, pero en el trayecto el milagro se produce: tras el timbre de la parada solicitada, salta de su trono móvil y aguijonea los costados de los soñolientos que la separan de la puerta. Si alguno se vuelve para reconocer al tábano que lo ha sacado de su sopor, sale una dulce voz de detrás de la colorida bufanda que pide el paso por favor. La pequeña Memole ya está de nuevo en la calle. Sus botas, más que pesarle, ahora tienen alas.
¿Quién sabe qué destino le espera cada mañana?
Dedicado a uno de mis extras favoritos.

Este es el blog de la loquita risueña, la que gobierna mis deseos, la dueña de mis esperanzas. Dos años escuchando su voz, imaginándome un sur que nunca habÃa visto, escarbando dÃa a dÃa para encontrar su camino. Ya lo decÃa Mozz: Oh darling, it's all for you ...

11/01/2006 at 9:46 Permalink
Pues yo la veía, la serie, quiero decir. En serio. Ya se intuía como podía acabar esta chica, sobre todo teniendo en cuenta que los idealismo dejaron hace mucho de estar de moda…
11/01/2006 at 10:22 Permalink
Seguro que es la versión “reducida” de una larga historia.
11/01/2006 at 20:32 Permalink
¿Y cuando y post de la pequeña bemoles? ¿También vive en el prat como mi prima?
12/01/2006 at 18:26 Permalink
Curiosa la gente que se conoce en la parada del autobus. O en el tren. Recuerdo a un par de Jubilados que cogían mi mismo autobus de las 7:30. A uno le faltaba una pierna, que perdio en la guerra civil. Y al otro le llamaban “El Vasco”, aunque era asturiano. Este último siempre te comentaba las noticias del día anterior, con mucho sentido común y te dejaba pensativo toda la mañana. Ambos con muchas luces y muy despiertos. Un rato agradable, aunque por estas fechas hiciese fresquete a esas horas.
15/01/2006 at 13:56 Permalink
Linda mini historia de una larga historia.
Precioso.
BESOS
15/01/2006 at 15:54 Permalink
¿Por qué será que me hacen más gracia las niñas chiquitinas que los nenes?
Quizás es momento de buscar nuestra propia pequeña Memole. Tengo el 50%…