Llevo más de mes y medio buscando unos aretes de plata que perdà en mi propia casa. Recuerdo perfectamente cuando me los quité por última vez, y juro por dios que nunca más volveré a pasar hambre que prácticamente he desarmado el sofá y he movido todo el salón buscándolos.
En vista de que no habÃa forma, para mi cumpleaños me regalé dos pares de pendientes. Llegué a casa y me puse inmediatamente uno de ellos. El otro, sin sacarlo siquiera de su bolsita, lo guardé con el consabido «los pongo aquà para que no se pierdan». Efectivamente, no los he vuelto a ver. Seguro que están junto con los primeros aretes, en una especie de Triángulo de las Bermudas itinerante que debe haber en mi casa.
Consultando al comité de expertos en una sobremesa de pantagruélico y maternal almuerzo dominical, mi padre sentencia que «cando o demo non ten qué facer, co rabo espanta as moscas». Mi madre, más pragmática, busca soluciones antes que culpables y me enseña la oración de San Cucufato.
A estas alturas, cuando ya el pobre santo debe estar pidiendo la castración a gritos, y las moscas van a pasar a ser especie en vÃa de extinción, todavÃa no ha aparecido ninguno de los pendientes. Eso sÃ, a cambio he encontrado unas fotos que busqué hasta la saciedad antes de decidir hacerme otras ante la premura de los plazos de la matrÃcula, el rotulador permanente para los CD’s cuando ya tengo tal cantidad de ellos sin nombre que me costará una tarde averiguar qué tiene cada uno y hasta un amigo ha encontrado un mando a distancia que ya daba por arrojado al contenedor de reciclaje.
Y es que, a pesar de nuestra vocación de amos del mundo, no podemos controlarlo todo. Ni siquiera los santos pueden, por mucho que les apretemos la moral. Dicen que quien guarda, halla. Pero no siempre hallamos aquello que buscamos. Lo más fácil que puede pasar, cuando buscamos con demasiado empeño, es que nos encontremos con cosas que no esperábamos, con cosas que no nos pertenecen o que son de otro o, incluso, con cosas que no deseamos en absoluto. Es el riesgo de buscar. Al fin y al cabo, con «o demo non se xoga».

Este es el blog de la loquita risueña, la que gobierna mis deseos, la dueña de mis esperanzas. Dos años escuchando su voz, imaginándome un sur que nunca habÃa visto, escarbando dÃa a dÃa para encontrar su camino. Ya lo decÃa Mozz: Oh darling, it's all for you ...

14/02/2006 at 21:03 Permalink
Al pobre San cucufato hace mucho que la sangre no le circula por la bolsa escrotal.
Ya aparecerán….
Besos.
14/02/2006 at 22:15 Permalink
Como ayer con Ismo, hoy se me viene a la memoria otra canción que viene al pelo del maestro Krahe. Esta vez, “Los caminos del Señor”.
La otra tarde en la iglesia,
que era fiesta de guardar,
me dio un ataque de amnesia,
no podía recordar, a quién coño fui a rezar,
yo,que siento por Jesús (bis)
¡repelús!.
Imaginad mi problema,
cualquier otro sin mi fe
con seguridad blasfema
o se va a tomar café,
pero yo no flaqueé
no podía estar allí (bis)
¡porque sí!.
“He perdido la memoria,
le expliqué al santo varón,
eche una jaculatoria
o una salve a la intención,
tengo un lío del copón,
no comprendo, hay de mí (bis)
¡qué hago aquí!”.
“Calma, me dijo el beato,
por mi honor de sacristán,
rezaré a San Cucufato
tus recuerdos volverán,
o sus huevos sufrirán.”
Y le ató al pobre un cordel (bis)
¡que cruel!.
Recuperé por entero
gracias a su intercesión
la memoria y un mechero
que no entraba en la oración,
¡eso sí que es devoción!.
Le quedaba además (bis)
¡mucho gas!.
Le di lumbre a un monaguillo
y una hostia al sacristán
y les vacié el cepillo
a San Cosme y San Damián,
recordando que mi plan
era entrar a aquel lugar (bis)
¡a robar!.
Tú, que nunca vas al templo,
tú que estás en el error,
toma de mi historia ejemplo,
rectifica pecador
y recorre sin temor
los caminos del Señor (bis)
Sí, Señor.
15/02/2006 at 8:02 Permalink
En el libro “Meditaciones para el aqui y el ahora” que me regalaron y del cual suelo poner de vez en cuando algo en mi blog, he encontrado esta que creo que viene muy bien al caso:
“La vida está más allá de vuestro control. Podéis disfrutarla, pero no controlarla. Podéis vivirla, pero no controlarla. Podéis bailarla, pero no controlarla. “
Control (Osho)
15/02/2006 at 13:56 Permalink
Recuerdo un libro que leí de pequeña, de aquellas interminables series de Barco de Vapor. Se llamaba EL AGUJERO DE LAS COSAS PERDIDAS, y la verdad es que me ayudó mucho con el tema del eterno acertijo de “si yo lo puse aquí…¿dónde puñetas lo dejé?
Besos
15/02/2006 at 20:36 Permalink
Yo me quedo con la frase del personaje de el cuento “El Perseguidor” de Cortazar: Esto lo estoy tocando mañana.
Aunque esta vez diremos que es pasado mañana
16/02/2006 at 13:07 Permalink
Me recordaste una serie de televisión en la que Un tipo dura dos horas buscando sus lentes. Lo hilarante es que los tenía en la cabeza. De repente pensó que los había dejado en el coche y se puso a buscar las llaves (que por cierto tenía dandoles vuelta en un dedo). (Malcolm)
Adrián
16/02/2006 at 16:48 Permalink
Me recuerdas a mi madre, siempre le pasaba algo así, nunca encontraba lo que buscaba y mientras aparecían otros miles…
Tranquila, el que busca… encuentra…
Un beso.