Después de más de veinte años trabajando en el hospital, Damián R. por fin había conseguido el puesto de su vida, el que le hacía feliz, con el que sin duda se iba a sentir completamente realizado. El tiempo que estuvo destinado en la UCI había estado bien, pero aquéllo era infinitamente mejor. Además, todavía le quedaban bastantes años para disfrutarlo, seguro. Sus jefes estaban encantados con él. No iban a estarlo, si después de una semana allí se había presentado en el departamento de recursos humanos para pedir una ampliación de horario y cuando le dijeron que no podía ser y que además las horas extras no estaban contempladas en el convenio, se había ofrecido a trabajar más horas, a doblar turno si hacía falta aún sin cobrar. Aún sonreía cuando recordaba la cara de estupefacción de Maripili, la administrativa, cuando hizo ese ofrecimiento. ¡Qué sabría ella! Lo peor es que le dieron las gracias por su generosidad y su abnegación, pero declinaron la oferta. Eso sí, consiguió la promesa de que lo mantendrían fijo en el turno de noche.
Damián R. se conformó. Llegando mucho más temprano de la hora en la que debiera relevar al compañero del turno anterior, y remoloneando un poco cuando terminara el suyo, conseguiría arañar una hora más. Quizá hora y media. Cualquier cosa por estar allí. Cualquier cosa por no estar fuera de allí. Fuera había demasiado ruido. ¡Pero si ni en su propia casa podía estar tranquilo! Por eso amaba aquel lugar que, aunque lleno de gente, era tan tranquilo y silencioso. Sí, definitivamente, Damián R. había encontrado su lugar en el mundo como auxiliar del turno de noche en el depósito de cadáveres del hospital comarcal.
Dedicado, con todo el cariño, al vecino que amablemente nos hace saber que no le dejamos dormir la siesta… a las diez de la mañana.
Este es el blog de la loquita risueña, la que gobierna mis deseos, la dueña de mis esperanzas. Dos años escuchando su voz, imaginándome un sur que nunca había visto, escarbando día a día para encontrar su camino. Ya lo decía Mozz: Oh darling, it's all for you ...


04/02/2010 at 13:53 Permalink
Déjalo, que lleva 3 días sin quejarse.
P.D: No echo de menos cuando me acuerdo de su familia, cuando previamente se ha acordado de la mía.
04/02/2010 at 14:34 Permalink
Jopelines,cuánto amor,da gusto…te preguntan por la familia y todo,y er Beaumont responde con el mismo interés…ohmygod,somos seres civilizados a la par que amorosos…jijijijijijijijijiji
Achuchones!!!
04/02/2010 at 15:32 Permalink
No se dice hospital.. se dice risidensia….
04/02/2010 at 19:40 Permalink
Jejejeje que fina sutileza Anita.
No se como serán las quejas del susodicho, yo trabajo de noches algún día pero por suerte no tengo vecinos, supongo que tampoco me haría gracia, aunque yo duermo poco la verdad, sera que no tengo la conciencia tranquila.
Besines analgesicos y forenses
04/02/2010 at 20:45 Permalink
Me encanta la dedicatoria. Y bueno también el escrito que te has currado para el susodicho que piensa en la genealogía y recita poemas.
Besos guapa.
04/02/2010 at 23:08 Permalink
Beaumont, pero si te encantan esas conversaciones mañaneras
India, es que en esta casa hemos estudiado todos en un colegio de pago… muy educaditos que somos, sí
Risidensia es donde te va a meter a ti el pequeño Nemov Expositito, Jabe, que lo sepas… que se lo voy a contar todo!!!
Rey, sí, sutil como un garbanzo en un zapato
Las relaciones con el vecino son de todo menos cordiales. A las diez de la mañana es normal que haya ruido en una casa, aunque en la mía, imagina el ruido que puede hacer una persona sola estudiando. Si educadamente dice que trabaja por la noche, yo soy capaz de entenderlo y puedo procurar dejar las tareas más ruidosas para más tarde. Cuando mi vecina de arriba se paseaba de madrugada con tacones, subí y educadamente (aquí sin ironía) le pedí que si tenía que pasear no lo hiciera con ese calzado. No hubo más problemas. Pero no me gusta que se acuerden de mi señora madre a voz en grito.
Y no me creo que no tengas la conciencia tranquila: tú tienes que dormir como un bendito!!!
Vinti, el relato surgió pensando en qué haría ese hombre para tener que dormir la SIESTA a esas horas. Y sí, es muy considerado por su parte tener a toda mi familia tan presente
Besines a todos!!!!
05/02/2010 at 0:02 Permalink
A veces resulta más reconfortante andar entre muertos que entre vivos. A veces es mejor divagar que afrontar la realidad. A veces somos nosotros mismos los que parecemos muertos, antes que vivos.
Besos
05/02/2010 at 8:03 Permalink
Pues has sido muy indulgente. Yo imaginaba el final del relato con el ínclito Damián R. siendo cliente de la morgue, en lugar de personal de la misma, ja, ja, ja.
05/02/2010 at 11:08 Permalink
Venti, jolín, y ahora qué te digo yo?? Me has dejao sin palabras…
Malatesta, hombre, que aunque parezca lo contrario, no soy tan mala persona!!
Besines!!
05/02/2010 at 13:37 Permalink
Me cago en la leche,Venti…me acabas de sacar de mi insulso viernes de traspieses contínuos…ea!India,a darle al tarro!
Achuchones!!!