Preguntas estúpidas: en el bus.

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Estás en la calle. Más concretamente, en una parada de autobús. Urbano. Una parada en la que solo para una línea. No hay lugar a dudas: efectivamente, no puedes estar haciendo otra cosa que esperar el autobús. Porque, además, para no perder tiempo, tienes la cartera en una mano y el bonobús en la otra. Vamos, que es un típico caso de ‘blanco y en botella’. Y se te acerca una adorable ancianita, de esas que llevan escrito en la frente ‘tengo ganas de charla y tú serás quien caiga en mis redes’. Y te pregunta: ¿Hace mucho que ha pasado? Y tú piensas No, hace apenas dos minutos, pero como yo estoy esperando uno que venga conducido por Brad Pitt, no me he subido. ¡¡¡Cómo ***** quieres que sepa si hace mucho que ha pasado??? Evidentemente no estaba aquí para verlo, señora mayor, respetable anciana, que no estoy esperando aquí la segunda venida del espíritu santo, coñeya!

Pero contestas encogiendo los hombros, para no despegar siquiera los labios y que se te escape todo eso que has pensado en un microsegundo. Y te haces la loca detrás de tus gafas de sol, para no darle al enemigo a la adorable señora mayor oportunidad de pegar la hebra.

Ya estás en el autobús. De pie, agarrada a una barra, peleas con tu sueño y con los acelerones que pega el conductor. Delante de ti, alguien que ocupa un asiento, aprieta el timbre para solicitar la parada, se levanta y se dirige a la puerta. Tú le dejas pasar y decides seguir de pie, en el mismo sitio en el que estabas. El autobús sigue su marcha y en la siguiente parada sube el típico espécimen que ya, desde la calle, escruta el interior a través de las ventanillas en busca de un asiento, se cuela para entrar si puede y empuja todo lo que se le pone por delante hasta llegar al objeto de sus deseos. Y tú estás delante. Y te pregunta ¿Señora, se va a sentar usted? Primero, lo de señora me ha dolido, porque tú, espécimen, me sacas por lo menos veinte años, o eso es lo que aparentas. Segundo: veo perfectamente el asiento, y lo veo vacío. ¿Qué te hace pensar que si no lo he ocupado ya tenga la intención de hacerlo? ¿Crees que estaba esperando tu permiso? Pues nada más que por eso, sí, me voy a sentar, ¡ea!

Pero contestas apartándote para que pase al asiento y apretando la boca, para no despegar siquiera los labios y que se te escape todo eso que has pensado en un microsegundo, mientras el espécimen se arrellana en su sillón, con cara de vencedor, moviendo los hombritos arriba y abajo.

No, no me ha caído nada bien la vuelta del puente…

 

La ilustración, de aquí.

 

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