Vocaciones.

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Nunca tuve una vocación clara. Cuando era pequeña, quizá porque era una niña enfermiza y enclenque y pasaba en el médico más tiempo del que mi madre hubiese querido, yo quería ser enfermera. Pero enfermera de las que dan los números, decía. Y es que en nuestro ambulatorio, la casa del mar (que para eso mi padre surcaba los siete mares día sí y día no), al entrar, lo primero que encontrabas era un cuartito en el que una enfermera, perfectamente equipada con su uniforme y su cofia, se sentaba frente a una mesa cubierta de infinidad de pequeños tacos de papel, cada uno de un color. Cada color correspondía a una consulta, y ella iba anotando números sucesivos en cada montoncito de color, que repartía, ordenados y bajo pedido, a los pacientes que allí nos acercábamos. ¡No me digáis que no es un trabajo ideal! Pues eso es lo que la niña que yo fui quería ser cuando creciera.

Algún tiempo después, cuando la edad del pavo comenzaba a hacer mella en mí (cuando se hizo más visible, quiero decir, que esa edad creo que la tengo desde que nací y todavía no la he soltado), cayó en mis manos una revista que contenía un artículo sobre lo maravilloso que es ser modelo de pasarela. No hay que decir que me lo empapé, no tanto por mi afición a ese sector en particular como por que en esa época (como en todas), leía todo lo que me caía en las manos. Pero sí, me entusiasmó. Tanto que proclamé a los cuatro vientos (los que rodeaban a mi madre) mi intención de ser modelo. Para convencerla, le leí el artículo en cuestión. Ella, de todo el blablá que yo soltaba, se quedó con la frase de que, uno de los requisitos para esa profesión, era tener ‘porte y distinción’.

Esto ocurrió en verano, y yo ya estaba en la edad en la que a las niñas de mi época nos compraban los primeros tacones, como si de un rito iniciático de paso a la edad adulta (¡já!) se tratara. El octubre siguiente se celebraba la festividad de la patrona de este pueblo en el que vivo, y la norma marcaba por aquellos años estrenar los modelos de otoño-invierno en ese día (la de verano se estrenaba el día de corpus). Así que mi madre nos hizo unos bombachos en tonos verde cacería. No consigo recordar  con qué los combinábamos, pero sí que a mí me compró mis primeros tacones, un modelo marrón con pala de mocasín y unos cuatro centímetros de tacón ancho. Para mí, acostumbrada a las merceditas de niña pequeña y a los gorilas del colegio, esos tacones eran un tesoro, más aún si tenemos en cuenta mi reciente vocación. Ya me veía yo desfilando, deslumbrada por los flashes. Llegó el día de la fiesta, yo fantástica con mis pantalones, mis medias y mis tacones, había que ir a ver la procesión (era signo de la época. Años más tarde aprovechábamos el día de fiesta local para ir de compras a otras localidades. Ahora, el que no se va de puente, lo pasa en la playa, curiosidades del cambio climático). Tras un buen rato de pie, yo añoraba mis merceditas. Hasta los zapatos del colegio (cuya dura suela de goma era en realidad solo un poco más baja que los tacones que llevaba), con la manía que les tenía, me parecían deseables frente al dolor de pies que llevaba a rastras. Volver a casa fue una odisea: los zapatos me hacían rozaduras a cada paso que daba y yo, tratando de evitarlas, era un émulo precoz de Chiquito de la Calzada. Pero lo peor no era el dolor de pies. Lo peor fue mi madre, ayudándome a caminar, muerta de risa, repitiendo como una letanía: ‘porte y distinción’. Aún hoy me lo recuerda de vez en cuando y ahora nos morimos de risa las dos, pero lo que murió realmente aquel día fue mi exitoso futuro como estrella de la pasarela.

 

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6 Comments on "Vocaciones."

  1. Rune
    04/07/2014 at 9:14 Permalink

    :)

    Me encontraba yo hoy, y desde hace unos días, de capa caída. Bueno, me encuentro. Pero el caso es que, te he leído, y me ha sentado muy bien reirme un poco y me ha sentado bien echar la vista atrás y ver que la vida no es sólo ahora y correr.

    Se te echa de menos, y a parte de la blogosfera.

    Muchos besos, que tengas un fin de semana estupendo.

  2. Fabio
    04/07/2014 at 12:20 Permalink

    Con estilo British cuando van piripis.

  3. ampharou
    04/07/2014 at 12:43 Permalink

    Rune, bonita!!! Si ha servido para que te rieras, ya doy por bueno esta tontuna de post!!
    También se le echa de menos a usted, señorita!!
    Besines, linda, y que tengas un fantastico finde tú también!!

    Don Fabio, qué alegría!! Espera que te sigo: con la pomulosis y la pomulitis!!

    Besines :D

  4. Fabio
    04/07/2014 at 13:15 Permalink

    De todas tus facetas ¿con cuál te quedas?

  5. Malatesta
    10/07/2014 at 0:16 Permalink

    Me has hecho reír con tu historia. Y es que los tacones, además de un artículo de deseo (más femenino que masculino, creo yo), ¡son un instrumento de tortura!

  6. ampharou
    17/07/2014 at 18:09 Permalink

    Y lo bonitos que son, Malatesta??? :D
    Besines, guapo!

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